23 abr. 2012

EJERCICIO QUIMÉRICO



Como no podía ser de otra manera aquí está mi breve aportación en recuerdo de ese gran escritor y persona que fue Román Ledo, cinco años después de su desaparición. En esta ocasión os transcribo un capitulo de mi nuevo libro "Tierra Terriblas" (recién aparecido), en el que -como no podía ser de otra manera- aparece el recuerdo de Román. "Tierra Terriblas" es una tierra imaginaria que todos habitamos en nuestro pensamiento y ya lo tenéis disponible en las librerías (Editorial Certeza, colección Cantela). Este capítulo se titula "Ejercicio quimérico":

"Si me dijesen que José Antonio Román Ledo ha existido no hablaríamos de meras imaginaciones, hablaríamos de una realidad. Alguien me habló una vez de él en la parada del autobús, esperando recorrer el camino del pensamiento que nos lleva a los grandes autores literarios. Ese alguien me comentó durante el trayecto que José Antonio Román Ledo fue uno de los escritores más imaginativos, surrealistas y geniales de la última hornada de plumas aragonesas; un escritor calificado de raro por los críticos literarios nacionales más avezados.

San Jorge nada sabía de la existencia del tal Román Ledo, tampoco de Cervantes, ni de Shakespeare, pero fatal coincidencia, todos estos escritores fallecieron el mismo día. San Jorge quizá ni se entere, ni se haya enterado, pero los libros, que celebran su día a la par del Santo, sí.
Los libros han sufrido esas pérdidas, como cuando unos hijos pierden a sus padres las letras han perdido a algunos de sus máximos exponentes ese día.
Mi interlocutor prosiguió con sus comentarios “¿Que no conoce a José Antonio Román? Román Ledo era un fabro de las palabras, la antítesis del escritor comercial y vulgar que sólo sobrevive a costa de su prostitución literaria, Román Ledo era el escritor total. Surrealismo tamizado de sonrisas bañadas de geniales ocurrencias, ironía a toneladas, por doquier… y grandes, grandísimas obras. Parajes de un Moncayo mágico, pedaleando con la serpiente multicolor, conociendo a Julio Alejandro, disfrutando de unas gaseosas de papel, saboreando un yogur griego… y tantas obras que delimitan ese territorio imaginativo de Román.
José Antonio Román era un Arconada literario, seguro en la prosa, efectivo con las historias, espectacular en los cuentos e impresionante en el manejo del vocabulario. Además, como el mítico portero donostiarra, de los que militan siempre en el equipo de sus amores; en este caso en el de la literatura bien elaborada para algunos equipo menor pero que él se preocupó de engrandecerlo con sus obras sin advertirse de la fama ni el dinero, sino simplemente de la labor importante de una literatura correcta, elegante e imaginativa que desarrolla un escritor con sus creaciones.”

Abrumado por la charla me quedo. Está claro, José Antonio Román era un escritor reconocido por sus propios colegas y por los propios críticos literarios, pero seguramente desconocido para el gran público. Casi siempre falla alguno de los exponentes del triángulo literario, colegas, crítica o público.
Antes, había citado el viajero ese presente irreal pero definitorio porque Román vive. Como iréis comprobando más adelante a lo largo de este libro en Tierra Terriblas se suceden cualquier tipo de hechos inéditos, los habitantes de la misma somos capaces de realizar esos ejercicios quiméricos que nos devuelven a personas y obras con una efectividad real y sincera, con nuevos puntos de vista y siempre recordando la grandeza de las personas que habitan esta Tierra y sus pensamientos. "



23 abr. 2011

"CRÓNICA DE UNA AMISTAD"

A los cuatro años de la desaparición de José Antonio aún queda el recuerdo imperecedero de su memoria. A continuación os pongo este recuerdo escrito que Pepe Gilar, amigo de Román, me envió en su recuerdo. Disfrutadlo.

CRÓNICA DE UNA AMISTAD

Pepe Gilar

Motu proprio, José Antonio hilvanaba sus lecturas de la mañana a golpe de café y Chester. No podía ser de otro modo: esas caladas salvavidas le permitirían asomarse al mundo con ojos más felices, porque aunque fuesen tan sólo cigarrillos de fogueo, al menos le proporcionarían la suficiente energía para enfrentarse a la difícil tarea de terminar a tiempo las últimas páginas de su libro “Julio Alejandro. Guionista de Luis Buñuel”.

A escasas fechas de enviarlo a la imprenta, el autor había quedado con Fernando Castro en el Hotel Río Arga de Zaragoza, con el objeto de hacer una lectura del texto, y así, desde su experiencia personal como hermano de Julio, aportar su propio punto de vista. Que aunque en aquellos días ya sufría de la degeneración macular, y por eso yo le había acompañado desde Madrid, conservaba, sin embargo, bastante intacta su prodigiosa memoria. José Antonio Román se mostraba tan cercano que podías percibir perfectamente el calor que desprendía su persona. Era como si quisiera compensar el frío intenso de aquella mañana de diciembre. Antes de entrar en materia, se estuvo hablando amenamente sobre cosas de aparente trivialidad. Lo que más llamó mi atención fue su original manera de enfocar las historias, y mi sorpresa al descubrir que, detrás de su humor y de esa permanente actitud para jugar con las palabras, escondía un sentido común fuera de toda duda.
Era fascinante su habilidad para hacer uso de lo cotidiano, con temas que seguramente para otros pasarían desapercibidos y que, en sus manos, terminarían por convertirse en dignos protagonistas de sus relatos. Cuando se refirió a sus Gaseosas de papel, acabamos comentando sobre los papelillos blancos y los papelillos azules… Eran evocaciones de los días lejanos de mi infancia. Sin poder evitarlo, me emocioné.

Una vez instalados en un ambiente de confianza, sacó nuestro hombre un paquete de 153 hojas encuadernadas en espiral y se puso manos a la obra. Aquella jornada iba a ser más dura de lo que pudo parecer al principio. Y es que Castro le interrumpiría con frecuencia, para puntualizar sobre sus raíces familiares; para confirmar o desmentir la posible relación entre las experiencias vividas por Julio Alejandro y el argumento de sus obras teatrales; o bien contando anécdotas y dando datos precisos sobre aquel teatro de finales de los cuarenta. O también, para aclarar la autoría de citas atribuidas a uno de los dos Taibos, y, en fin, para dar luz al reparto exacto de películas en las que tuvo que ver su hermano, que si la actriz era Dolores del Río o si María Félix. La tarea se había dilatado más de lo previsto. Al día siguiente teníamos que regresar a Madrid, y como quedaba mucho por hacer, puso en nuestras manos la pila de folios mecanografiados, previo compromiso de revisarlos en un tiempo inferior a dos semanas.

Había que cumplir el plazo, aunque no fue fácil, porque el cierzo hizo de las suyas: veinticuatro horas después yo era víctima de un soberano trancazo. Fueron quince días de vértigo. Fernando me hacía leer las páginas una y otra vez, escrutando incansable, a la busca de cualquier errata inoportuna. Al final llegamos a acordar que él grabaría sus comentarios en cintas magnetofónicas y yo pondría orden en la obra de Julio. Durante aquellos días mantuvimos un contacto permanente con José Antonio, lo mismo por teléfono como personalmente; además de unos cuantos correos electrónicos, faxes y algún que otro paquete. Hasta que por fin el libro vio la luz el 24 de enero de 2005.

Desde entonces ya no pudimos parar. Nos convocaba para asistir a los distintos actos de presentación del libro, y era imposible negarse. El Café Gijón en Madrid, Huesca, Borja, Zaragoza… Coincidencias que fueron acrecentándose, no sólo por lo del libro de Julio Alejandro, sino también a propósito de otras actividades culturales, conciertos, o también por las visitas personales que nos hizo en Madrid, o las nuestras en Bulbuente, donde nos recibía Elena, verdadera personificación de la perfecta anfitriona, en aquella casa con huerto, que era su refugio y que me maravilló… Lazos que acabaron consolidando una buena amistad. Lo que más me ganó fue su humanidad. El modo de atrapar nuestro interior sin apenas advertirlo. Cuando quise darme cuenta, ya le había contado infinidad de historias vividas en la cercanía de Julio Alejandro, gracias a la cual había sido testigo de excepción de muchas tertulias. Le hablé de mi álbum de firmas, que inauguró Julio Alejandro y que contiene dedicatorias con un denominador común: todos los firmantes tuvieron alguna relación con ese autor de Huesca. Como buen escudriñador de historias, se interesó por ello y tuve que prestarle el ejemplar.

Hay dos momentos con José Antonio que no se me borrarán nunca. Uno de ellos fue en octubre de 2006, cuando hizo el supremo esfuerzo de subir hasta Huesca, esta vez para asistir a “Caminante de Sombras”, un homenaje a Julio Alejandro preparado por Feliciano Llanas. Yo no salía de mi asombro, sabiendo cómo se encontraba físicamente y la manera que tenía de involucrarse en todo. ¿De dónde sacaba aquel asendereado cuerpo tanta fortaleza? El otro momento fue nuestra última visita a su casa de Zaragoza, en una fecha ya muy próxima al día de su marcha. Estaba solo en casa, y se puso exultante nada más vernos. Nos obsequió con unas anchoas de La Escala y un vermut Yzaguirre. Nos dijo que por tratarse de la ocasión haría una excepción acompañándonos con la bebida; luego, encendió un ciagarrillo y nos contó lo animado que estaba con su Yogur Griego, a punto ya de salir a la calle. De pronto se abrió la puerta y apareció Elena. Miró a José Antonio y se quedó atónita. En aquel momento, debió encomendarse a Nuestra Señora María Moliner a la busca de la exclamación exacta para la ocasión, aunque no la debió encontrar:

―“Por Dios, ¿pero qué haces? ¿Te quieres hacer polvo? ¡Con un cigarro y un vermút!”.

Él puso la cara de un niño, al que le pillan in fraganti en plena travesura; luego, esbozó una sonrisa y mostrándole el vaso le dijo:

―“Pero si sólo son dos dedos; habían venido estos dos amigos y quería compartirlo con ellos… Y en cuanto al cigarro… Pero si apenas he fumado”.

Seguramente, se estaría acordando en aquel momento del pobre Terenci, fumador empedernido de tabaco “negro, negrísimo, color culpa” como decía el catalán. Y posiblemente pensaría también que a esas alturas de la película, qué más daba si eran sólo de fogueo o si los cigarrillos eran de cañones recortados. Lo importante ahora era la amistad. Entonces, se llevó el vaso a los labios y apuró lo que quedaba de un solo trago. Tampoco quiso resistirse a la tentación de paladear una calada más. Se le iluminó la cara; tenía una expresión beatífica. Acababa de vivir su momento, el que él había elegido libremente, ad libitum.

23 abr. 2010

Desayuno en Quimpabán

La primera luz funde el paño vaporoso en los cristales de la madrugada bajo cero. Sobre la mesa de la cocina extiendo el Heraldo. Apuro el café a breves buches, paladeo el humo aromático de un Chester. Abro el suplemento literario... me topo de nuevo con la impía cruzada: "El placer de vivir sin tabaco", ¡Pobre Terenci!. El ojo inquisidor no tolera zonas de sombra, reductos de aire viciado, reservas de vida nefanda, malos ejemplos de seres que osan arder por cuenta propia...

Leo las letras gruesas, las entradillas, paso las hojas con la presura de quien se siente sorprendido en culpa inconfesa. Desazón y zozobra, duda cerval, presagios de alquitrán y fosa séptica... Mejor aplazar la lectura contrita hasta el mediodía, aguardar la templanza álgida del sol adolescente en este febrero que pugna por rasgar la capa de escarcha. Al cerrar el diario, un destello ilumina tristuras... La faz amiga del hombre bueno, El ritmo y las cuadernas, Viridiana, Nazarín,Tristana... ¡Julio Alejandro!.

Desde la cumbre del Moncayo, en días claros, puede otearse el Paseo de Recoletos, se vislumbran los hermanos de sangre, fumadores empedernidos en las cavas de la resistencia. Abro otra vez las hojas -flor de rotativa- me reconcilio con la placenta de papel impreso, preparo otro café soluble, enciendo el segundo cigarrillo de fogueo en esta ya tibia mañana.

José Antonio Román Ledo

*Queridos amigos: rescato este "desayuno" inédito de Román para comenzar un nuevo 23 de abril sin su presencia física pero sí su aura permanente. Y me imagino a José Antonio recién levantado, elegante -hasta en la primera hora de la mañana-, con ese café perpetuo, ese cigarrillo humeante, el periódico abierto en sus manos... ese desayuno infinito que alargará a lo largo de su estancia en Quimpabán disfrutando del momento que nunca se apagará.

Y lo imagino mirando por la ventana de sus recuerdos (¿quién ha dicho que los finados no tengan recuerdos?), echando siempre la mirada hacia adelante porque esos recuerdos no tendrán un componente normal tal y como lo hacemos con nuestra visión actual, sino surrealista tal y como a él le gustaba mostrarse en sus obras. Por eso me imagino a José Antonio acordándose en visión poliédrica de todos nosotros, animando nuestras acciones desde esa ventana imaginaria, y cuando echemos nuestra mirada hacia Quimpabán -en esa dirección que todos conocemos por pura intuición-, veremos a Román en su ventana apurando la última calada de ese cigarrillo y guiñándonos el ojo desde este propio recuerdo.

José Ángel Monteagudo

29 sept. 2009

OBRA TEATRAL "GASEOSAS DE PAPEL"

La Asociación Cultural Conde de Aranda, rindió un bonito homenaje a José Antonio Román en Madrid, octubre 2007. El acto consistió en un espectáculo teatral bajo el título genérico de "Gaseosas de Papel" basado en textos de varios de sus libros. El acto fue presentado por el escritor Luis del Val junto con el Presidente de la Asociación Conde de Aranda, Feliciano Llanas, gracias al cual podemos disfrutar de la obra en este formato.
La dramaturgia y dirección del espectáculo corrió a cargo de Ángel García Suarez.
Al final de esta entrada podéis ver los actores que representaron la obra.

A continuación os ofrezco la obra teatral que se representó aquel día en siete cortes que podéis disfrutar pinchando sobre las imágenes. Una joya cultural que une granado teatro y buena literatura.

















Reparto


Juan Campasolo ……………..…….… Ángel García Suárez

Presentador de Televisión ……... Ernesto Arango

Presentadora de Televisión ……. Esperanza Lemos

Abuelo ………………………………....… Rafa Ramos

Sole …………………………….....……… Raquel Ramos

Técnicos Sonido y luces


Jesús Bodas y Raul Rubio

*Podéis saber más del acto pinchando en el apartado "Enlaces sobre Román" situado a la derecha del blog.

29 abr. 2009

HOMENAJE A ROMÁN LEDO EN ZARAGOZA

El mundo de las letras aragonesas recuerda y homenajea al escritor oscense Román Ledo cuando se cumple el segundo aniversario de su muerte.

Recuerdos y gaseosa

Con la proyección de "Gaseosas de papel", una lectura dramatizada de varios de sus textos, el mundo de las letras zaragozanas homenajeó ayer en la Biblioteca de Aragón al escritor José Antonio Román Ledo. El oscense, fallecido el 23 de abril de 2007, fue recordado con emoción y cariño por José Luis Corral y Javier Aguirre (ambos representantes de la Asociación de Escritores de Aragón, que preside el primero), Feliciano Llanas (presidente de la madrileña Asociación Cultural Conde Aranda) y su yerno, el escritor José Ángel Monteagudo (que también acudió en nombre de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro, de la que es secretario general).



Corral rememoró una conversación que tuvo con el homenajeado poco antes de su muerte: "Estábamos en Salou, donde éramos vecinos, y me habló de sus viajes por Tarragona porque iba a hacer una guía. Lo recuerdo explicándomelo todo con unas ganas de vivir tan extraordinarias que es con esa imagen suya con la que quiero quedarme".
El autor de "El salón dorado" añadió que Román Ledo era "un ser entrañable que sentía la escritura como una necesidad vital": "si se hubiera dedicado a ella de una manera más profesional, sin que se entienda mal esta palabra, su obra sería más prolífica", matizó.
"Gaseosas de papel" fue grabado por la Asociación Conde de Aranda el 6 de octubre de 2007 en Madrid, bajo la dirección de Ángel García Suárez. Como explicó Feliciano Llanas, es un espectáculo teatral basado en textos de los tres últimos libros del homenajeado; "Repertorio de engaños", "Gaseosas de papel" y "Yogur griego". La obra está dividida en tres escenarios: a la derecha, un abuelo opresivo y su nieta representando la cotidianeidad; en el centro, dos presentadores de informativos que parodian las contradicciones de la sociedad; y a la izquierda, el idealismo, reflejado en el heterónimo de Román Ledo, "Juan Campasolo". Su humor es tan irónico -especificó Llanas- que a los actores en los ensayos les costaba concentrarse porque les entraba la risa".

Monteagudo quiso resaltar una frase que José Antonio le dijo una vez a su esposa, Mª Elena Sanjuán: "No sabes la cantidad de amigos que tengo yo". "En actos como este se constata que no se refería solo a la cantidad, sino también calidad. Él se involucraba al máximo, tenía una fortaleza increible y no se dejaba influenciar por las modas. Por eso su obra perdurará en el tiempo", recalcó.

En el acto en el que se recordó a Ledo también estuvieron la viuda del homenajeado, sus hijas Marta y Ana, sus nietas, Ángela y Gema, su hermano, Santiago Román (también escritor), el editor de sus cuatro últimos libros, José Vicente Zalaya, y autores como Miguel Carcasona, Mª Pilar Callizo, José Luis de Arce, Luciano Varea, Jesús Cáncer, Luis Bazán o José Mª Serrano.
HELGA MARTÍNEZ

*Publicado en Heraldo de Aragón (Miércoles, 29 de abril, 2009)

*En la foto (De izda a dcha.); José Luis Corral, Javier Aguirre, Feliciano Llanas y José Ángel Monteagudo.

HOMENAJE A ROMÁN LEDO EN HUESCA








"Román Ledo fue una excelente persona y un fantástico escritor"


Ayer se proyectó en Huesca la lectura dramatizada de su obra "Gaseosas de Papel"

HUESCA.- El oscense José Antonio Román Ledo recibió ayer un emotivo y cariñoso homenaje en el Centro Cultural Ibercaja Huesca en forma de proyección. Sus "Gaseosas de papel" tomaron vida una vez más para recordar a una "excelente persona y fantástico escritor de difícil clasificación" que falleció hace dos años y con el que la ciudad de Huesca estaba de alguna manera en deuda, tal y como apuntó durante la presentación de esta obra Julia Lera, directora del centro de Ibercaja, quien estuvo acompañada de Feliciano Llanas, presidente de la Asociación Cultural Conde de Aranda, y Angélica Morales, en representación de la Asociación Aragonesa de Escritores.


"Cuando falleció en 2007 decidimos hacerle un homenaje, y con sus tres últimos libros montamos un espectáculo teatral" que fuera más allá de unos cuantos "textos sueltos" y pudiera presentarse como "una unidad dramática" reivindicando así la faceta de autor teatral que Román Ledo no llegó a desarrollar como tal, pero que hubiera podido desempeñar sin mayores dificultades de habérselo propuesto, explicó a este periódico Feliciano Llanas. Las tres últimas obras de Román Ledo, "Engaños", "Gaseosas de papel" y "Yogur griego" son la base de esta dramatización, grabada en Madrid hace dos años, y que combinó para la ocasión el director teatral de la Asociación Cultural Condes de Aranda, Ángel García Suárez, respetando la esencia de cada uno de los escritos del oscense, "textos ácidos con un humor desconchante en los que saca a relucir todas nuestras contradicciones".
"Es una visión de nuestra vida", continuó Llanas, que se plasma sobre el escenario con tres acciones diferenciadas. Por un lado "está el día a día" representado por un abuelo y por su nieta, y por otro, "el idealismo" que refleja el heterónimo de Román Ledo, "Juan Campasolo". Entre ambos escenarios se sitúan dos presentadores de informativos que, con una acción exagerada, "muestra el ridículo" al que se llega en muchas ocasiones parodiando algunas de las informaciones de las que nos hacemos eco actualmente.


La crítica mordiente de Román Ledo vuelve a cobrar vida a través de la voz de estos actores y se acerca a un público que quizás, en vida, se le resistió. "Él era un escritor realmente muy difícil de leer, e incluso su mujer le decía que la gente del pueblo no le iba a entender. Entonces él le contestaba que no escribía para la gente del pueblo", recordó Llanas, que se mostró muy satisfecho de que la obra del escritor oscense pueda llegar finalmente al público y agradeció la presencia de su vida en la sala.
Él, junto a Angélica Morales, que también elogió la figura de Román Ledo, fueron dos de los escritores que colaboraron para finalizar la obra "Ducha escocesa" rindiendo así otro homenaje a "este maestro de la palabra y de la ironía" tratando de "imitar su inimitable estilo", dijo Angélica Morales.
*En la foto: Angélica Morales, Julia Lera y Feliciano Llanas, ayer con la imagen de Román Ledo al fondo. / Foto: Victor Ibañez

*Información aparecida en el Diario del Alto Aragón (28-04-09)

23 abr. 2009

DOS AÑOS SIN JOSÉ ANTONIO

Tal día como hoy nos dejó, hace un par de años, nuestro José Antonio Román.
El amigo Mariano Ibeas dejó un comentario en la anterior entrada del blog refiriéndose a la inmortalidad de alguien. Su comentario me da pie para escribir un poco sobre ello y el recuerdo de Román.

La inmortalidad, como tal, físicamente, no existe; por ello disertaremos por el camino de la inmortalidad aparente. En esa inmortalidad aparente podríamos definir dos estadios: el del recuerdo y el de la obra (quizá la propia inmortalidad aparente sea otro estadio a desarrollar).

José Antonio tiene la suerte de contar con una gran fortaleza inmortal en ambos apartados. Los familiares (por supuesto) y los amigos, lo siguen recordando día a día, reconociendo su calidad humana, su particular huella en todos ellos en su paso por esta vida de claroscuros. Muchos han hecho referencia a que su contacto con Román cambió la visión de ciertos apartados de la vida, el placer de una conversación o, simplemente, la manera de afrontar y creer en las cosas.

En el otro estadio de la inmortalidad, el de su obra, nos encontramos ante un legado que no se extingue, siempre esperándonos en la estanteria preferente de nuestra biblioteca particular. Esas mismas palabras que se quedaron un poco más huérfanas el día de su muerte, son las mismas que alaban y ensalzan su obra a diario, son las que se ocuparán de mantener constante la llama de su recuerdo literario que muchas veces irá unido al recuerdo personal.

Pero esta inmortalidad literaria tiene una ventaja; el recuerdo se agota porque las propias personas se agotan, las generaciones terminan por fagocitar a sus propios hijos, cayendo estos en un olvido involuntario aunque cruel. La vida y la muerte son así, indisolubles, universales e infinitas. Pues bien; la obra literaria no se agota, siempre queda como placer y como paradigma, y si esas palabras son merecedoras de traspasar generaciones, décadas o siglos enteros, allí estarán como recuerdo de la significación de esa persona.
Creo sinceramente que la obra de Román perdurará por su originalidad y calidad, lo mismo que perdura su recuerdo personal en todos aquellos que lo conocimos, aunque con la ventaja de que su luz literaria no se extinguirá nunca.

Amigos, dos años sin Román también dejan huella pero se nos presenta la oportunidad -hoy, día del libro- de volver a disfrutar de su presencia literaria.

José Ángel Monteagudo



*En la foto superior el editor, José Vicente Zalaya, en su stand de Libros Certeza del Pº de la Independencia y su particular homenaje a José Antonio Román. Gracias, José Vicente, por tu emotivo recuerdo. (23-04-2009)
*En la foto inferior, detalle del puesto literario.

14 mar. 2009

QUIJANO de José Antonio Román

De su libro "Gaseosas de papel"

"En esto, avistaron treinta o cuarenta estaciones de las llamadas eólicas que hay en aquel campo, y así que el más alto y enjuto los vio, dijo a su rechoncho acompañante: -La fortuna guía nuestros pasos mejor que lo que acertáramos a desear; porque ves allí, lerdo amigo, donde se alza fiera batahola de desaforados gigantes que dañan la limpia visión del horizonte y a los que pienso presentar batalla y quitarles la vida, con cuya chatarra medraremos, que ésta es buena causa y gran servicio a Natura quitar tan fieros abrojos de sobre la faz de la tierra.
Dicho esto, el hombre enjuto vestido de cuero y calzado con botas tejanas aceleró la Harley Davidson a la par que gritaba –Non fuyades, cobardes y viles endriagos; que un solo caballero es el que os acomete. Movióse en esto algo de viento, y las disformes aspas se agitaron, lo cual visto por el motero, dijo: Pues aunque agitéis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar. -¡Válame Dios! –dijo su colega al verlo rodar maltrecho por el erial, al tiempo que acudía en su socorro a lomos del ciclomotor. La hermosa cabalgadura, esparcida en mil piezas de acero bruñido, fue considerada siniestro total por el Seguro. El subalterno telefoneó a los del Auxilio en Carretera. -¿No le dije yo a vuesa merced que mirase bien lo que hacía que no eran sino gigantes de buen corazón, que reportan cada uno con su canon dos mil quinientos euros al dueño de la finca. Déjese mi señor, voto a bríos, de impactos ambientales y demás zarandajas que no son sino aire que parece reinar en su sesera y átese bien el yelmo en adelante para evitar corrientes y sanciones, que no está el Código de circulación para andar con muchas lisonjas".

5 feb. 2009

"EL HUMOR EN LA OBRA DE ROMÁN LEDO" POR JOSÉ ÁNGEL MONTEAGUDO

El día 4 de febrero de 2009, se celebró en Ibercaja Zentrum una conferencia sobre "El humor en la obra de Román Ledo", dentro del ciclo "Es lo que había: el humor de ayer en Aragón".

Esta conferencia fue impartida por el escritor José Ángel Monteagudo que nos habló de la literatura de Román, haciendo una semblanza del autor y un repaso por todas sus obras editadas.

Amadeo Cobas, el presentador del acto, se refirió a la grandeza de Román como persona y como escritor, a su fina ironía en el humor, y a los momentos de amistad compartidos con una persona cercana que le impresionó desde que tuvo la oportunidad de conocerlo.


El conferenciante, José Ángel Monteagudo, introdujo el acto realizando un recorrido por el humor, desde la antiguedad hasta nuestros días, desembocando en la literatura de Román. Citó referencias de otros autores (José Luis Arce, Fernando Villacampa, Juan Marín, Javier Aguirre, Amadeo Cobas, Luis del Val, Gracia Mosteo, Antón Castro...) hacia la figura del escritor oscense y su opinión acerca de su obra y el humor que destilaba en cada uno de sus rincones.

Asimismo, José Ángel, se refirió a muchos de los cuentos y pequeños relatos de los libros "Gaseosas de papel" y "Yogur griego"(ambos constan de 100 cuentos cortos), haciendo breves referencias a algunos de ellos. También habló de su labor como palabrista nato, tal y como refirió de un artículo de su amigo, el profesor Fernando Villacampa; "Román, mucho antes que escritor había sido un gran hablador. Y un palabrista nato. Un explorador de modismos, un catador de sintagmas, un cazador de palabras". Aquí hiló el conferenciante una celebrada referencia a más de 100 heterónimos que Román había inventado alternado las letras de su nombre y apellido, a las digresiones que ejercía dentro de los propios relatos, y a las frases geniales y refranes cambiados de intención ("neorefranes" fue la referencia que el autor otorgaba a estos), es decir juegos de palabras dentro del mismo refrán derivando su significado hacia un territorio inexplorado y totalmente nuevo cambiando, incluso, el sentido del mismo.

En este punto de la conferencia, la gente comenzó a animarse entre risas y comentarios.
En la parte final, el conferenciante leyó varios cuentos y remarcó la ironía de Román que a veces desembocaba en un sarcasmo incontenido, según el tema a tratar. Se refirió al capítulo concreto de "Las cosas de la guerra" (en el libro "Yogur griego") como ejemplo sarcástico de enorme valor, e incluso se arrancó a cantar el "Guantanamera" en la versión que el propio José Antonio Román hace constar en ese capítulo y que refleja la vergüenza de la prisión de Guantánamo, con su particular apostilla final.

Por último, Monteagudo, hizo referencia a su particular relación con el autor y habló de alguna de sus últimas creaciones, refiriéndose a una de sus preferidas ("Licantroterapia") la cual trata de los efectos de la quimioterapia a la que Román se sometió en su enfermedad y que, a pesar de comentarle lo inefable de explicar esa sensación, escribió este cuento en el que lo relata de forma magistral. El conferenciante terminó con una invitación a leer la obra de Román, a disfrutar plenamente y en conciencia de cada uno de sus relatos y parafraseando el diálogo de una gran película (Casablanca), comentó: "Siempre nos quedará Román. En el recuerdo y en su obra".

Aún hubo tiempo para varias intervenciones de las personas asistentes entre los que se encontraban escritores, amigos, compañeros, y gentes de la cultura en general. Entre todos se entabló un diálogo en el que la figura de Román fue el nexo sobre el que giraron todos los comentarios y recuerdos. Todos los presentes disfrutamos de la brillante exposición y esperamos que se repita la obra teatral que hace referencia a varios cuentos y relatos de Román que el escritor Javier Aguirre lleva en mente. Enhorabuena a Ibercaja Zentrum por este acto sobre uno de los escritores aragoneses más surrealistas de los últimos tiempos, y por ofrecernos su humor irónico y genial.
M.C.

28 dic. 2008

SEMBLANZA DE JOSÉ ANTONIO ROMÁN LEDO

José Antonio Román Ledo, nació en Huesca el 19 de Diciembre de 1943 y murió en Zaragoza el 23 de abril de 2007.

Su infancia transcurrió en la capital oscense hasta que, muy joven, se trasladó a Zaragoza. Allí trabajó durante su juventud en una empresa de muebles para, más tarde, hacerlo como visitador médico. Fue gerente del Centro Regional de Oncología y Medicina Preventiva de Aragón y Secretario de la Asociación Española contra el Cáncer (1982-1985).

Tras unas duras oposiciones comienza su labor en la Diputación de Zaragoza. Desde 1986 fue coordinador de Programas Culturales en la Diputación Provincial de Zaragoza, donde también estuvo al frente del Departamento de Protocolo, del de Formación y del de Unión Europea. Fue responsable del Patronato Provincial de Turismo (1996-97) y Secretario del Centro Asociado de la UNED en Calatayud y de su Universidad de Verano (1989-90).

Un gran lector. Su debut como escritor comienza con la publicación de su guía "Moncayo", aunque su labor en la literatura había comenzado mucho antes con la participación en diversos libros colectivos, revistas del ámbito cultural (Poemas, Barataria...), y otras antologías literarias.

SUS PUBLICACIONES Y ACTIVIDADES.

Ha firmado trabajos en los siguientes libros colectivos:

"Las Altas Cinco Villas", Trazo Editorial, Zaragoza, 1987;
"Zaragoza Exclusiva", Edic. Ibergesa, Zaragoza, 1991;
"Zaragoza, provincia abierta", Diputación de Zaragoza, 1991, (reed.1995);
"La Televisión local ante el reto del Cable", Asoc. de la Prensa de Aragón, 1995

Publicado en solitario:

"El Moncayo", Edic. Júcar, Gijón, 1995;
"Tarragona", Ed. Nogara, Zaragoza,1996;
“La serpiente multicolor”, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1999;
“Leyenda del Chupina”, Colección Visiones, Editorial Delsan, Zaragoza,2003;
“Repertorio de engaños”, Huerga&Fierro Editores, Madrid, 2003;
“Gaseosas de Papel”, Libros Certeza, Colección Cantela, Zaragoza, 2004;
“Un francés y el emperador de Haití”, Colección Visiones, Editorial Delsan, Zaragoza 2004;
“Julio Alejandro. Guionista de Luis Buñuel”, Biblioteca Aragonesa de Cultura, Institución Fernando el Católico, 2005;
“La montaña Marina”, Disco–Libro de Monte Solo, Zaragoza, 2005.
“El hombre de la chilaba blanca” (Relato), Criaturas Saturnianas, Zaragoza, 2006;
“Yogur Griego”, Libros Certeza, Colección Cantela, Zaragoza, 2007.

Publicaciones póstumas:

“Ducha Escocesa”, Libros Certeza, Colección Cantela, Zaragoza, 2008. (25 autores amigos se acercan a su figura y a su literatura).
“Micología Aplicada” y “La serpiente multicolor”, Libros Certeza, Colección Redallo, Zaragoza, 2008.
(Reedición de “La serpiente Multicolor”, Premio Isabel de Portugal de narrativa 1998, y publicación de la inédita “Micología aplicada”.

En su bagaje cultural destacan las siguientes referencias: Vocal de la Junta Directiva de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro desde su fundación en el año 1991, Director de la revista literaria BARATARIA (2003–2006), miembro activo de la Asociación Aragonesa de Escritores, Asociación de Funcionarios Santa Isabel de Portugal, fundador y Presidente de Honor de PROCURA (Profesionales de la Cultura de Aragón) y Vicepresidente del proyecto EXPO 2008.